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Está claro que aunque a veces no lo parezca, aún queda humanidad.


Cuidar a una persona con Alzheimer no es fácil, sobre todo si se trata de un familiar cercano, pues podemos notar como su cabeza comienza a olvidar rápidamente los recuerdos que tenían juntos… hasta incluso no poder recordar qué lazo tienen en común.

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Claramente es una enfermedad que va desgastando a quién la padece, pero también a su entorno.

Bien sabe de ello Julie Bick, una chica que como no tuvo la oportunidad de disfrutar demasiado a su madre antes de que muriera, decidió no cometer el mismo error con su papá… Así que ahora que le diagnosticaron Alzheimer tomó la difícil decisión de mudarse a su casa junto con sus hijos de 8 y 10 años.

Julie Bick No tenía dudas de que quería compartir con su padre cada día y que quería ayudarlo en todo lo que él necesitara.

?Realmente no estaba preparada para esto, pero me negaba a no poder compartir con mi padre sus últimos años? contó Julie, quien veía a papá muy feliz con la compañía de su hija y de sus nietos.

Sin embargo, el día a día no era fácil. Había algunas ocasiones en que la mujer se sentía totalmente exhausta y la rutina estricta de su padre la agobiaba… aunque había un momento, que era su favorito, y que le permitía pasar tiempo un poco más despreocupada: cuando llegaba el camión de la basura.

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Resulta que el padre de Julie se había hecho muy amigo de Harold, uno de los recolectores que trabajaba por ese sector, y cada vez que pasaba el camión, él se bajaba y se tomaba algunos minutos para conversar con el anciano. Julie Bick

Pero un día después de que Julie tuviera una noche muy difícil y emotiva, su padre le dijo que necesitaba hablar con su amigo Harold. Evidentemente le llamó la atención y le preguntó qué ocurría y qué hacía con ese tal Harold. Entonces, su padre le respondió: “Harold es mi amigo. Es religioso. Quisiera que me dejaras un momento con él para que los dos podamos rezar por ti”.

Tras esa respuesta tan sincera, fue difícil contener las lágrimas, ya que a pesar de lo difíciles que habían sido sus últimos días cuidado a su papá, él y un extraño se tomaban tiempo para rezar por ella.

“Me di cuenta de que sin importar qué enfermedad tuviese, mi padre siempre me va a amar” comentó Julie.

Desde ese momento entendió por qué todos en el vecindario sentían tanto cariño por el recolector de basura… sin duda era una persona muy especial, capaz de detener su vida unos minutos por hacer el día de otro mucho más ameno.

Si eso no es bondad, entonces no sé qué es.

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Fuente: www.upsocl.com
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