Desde principios de los años ochenta del siglo pasado, el consabido problema de delimitación en el Golfo de Venezuela también[...]

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Desde principios de los años ochenta del siglo pasado, el consabido problema de delimitación en el Golfo de Venezuela también ocupó poderosamente la atención de la opinión pública. Distintos voceros participaban en una discusión varias veces acalorada en la que, sin complejos de vanidad, participaban los más destacados especialistas en la materia.

Prontamente, nos familiarizamos con el nombre de Pablo Ojer, reconocido experto de una meritorísima trayectoria que no temió a la necesaria polémica respecto a un asunto tan grave y delicado que, importa consignarlo, mantuvo alerta a las propias Fuerzas Armadas Nacionales, como a todos los sectores políticos y académicos. Confesamos, por aquellos años de juventud, éramos cautelosos frente a los excesos nacionalistas, pero solíamos coincidir con las orientaciones básicas de una postura justa y legítima.

Algo tan natural por entonces, hoy constituiría Ojer todo un fenómeno, al igual que la incursión de otros investigadores que apelaron a la tribuna pública para corroborar sus eruditos aportes. Presumiéndolo encastillado entre gruesos volúmenes e interminables documentos históricos, al parecer no tendría cupo en el siglo XXI y no sólo por la censura y el bloqueo informativo imperantes, sino por una abstención generalizada de quienes confunden la prudencia con el miedo, pues, no hay otra explicación al constatar que un tema tan serísimo como el de El Esequibo, tiene mejor garantía para un gobierno negligente que ese silencio que los peritos suelen cultivar celando sus confortables predios académicos.

Que un conocedor sobre el Golfo de Venezuela, como Pedro José Lara Peña ventilase sus tesis públicamente, como ocurrió por varios decenios, lucía lógico tratándose de un antiguo dirigente político y parlamentario, no ocurriendo así con Ojer, un académico consumado que, hasta por razones religiosas, procuraba la moderación y parquedad. No obstante, tan agudo se hizo el problema, que sus caros argumentos lo llevaron involuntariamente a la escena pública, honrando un deber.

A mediados de abril de 2017, estaremos a escasos diez meses de cumplirse el plazo que dio la Secretaría General de la ONU para remitir el caso de El Esequibo a la Corte Internacional de Justicia y, al publicarse las presentes notas, quizá se encuentre ya en Caracas el señor Dag Halvor Nylander, en representación del organismo internacional, sin que nadie diga absolutamente nada; no se sepa oficialmente nada sobre la conducta a asumir por el gobierno venezolano, después que el guyanés ha divulgado ampliamente la suya; y, mucho menos, con las muy honrosas excepciones, voceros de los partidos, del mundo académico y de la restantes organizaciones especializadas de la sociedad civil digan ? nada. Más adelante, volveremos sobre el punto, mas ?' por lo pronto ?' diríamos que extrañamos mucho el fenómeno Ojer.

@LuisBarraganJ

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