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Ser una empresa (un poco) Open Source está de moda. Hemos pasado de que empresas como Microsoft consideren a Linux como un cáncer ?'Ballmer dixit?' a que conviertan a Linux y al Open Source en parte integral de su estrategia, servicios y sistemas operativos.

Google, Facebook, Amazon y otras muchas siguen esos pasos y son (un poco) Open Source. Publican proyectos con licencias abiertas que permiten a usuarios y desarrolladores aprovecharlos. Puede que sea la era dorada del Open Source, pero en esta era dorada hay algo de postureo.

Las empresas se apuntan (un poco) al Open Source

Estamos ante un verdadero momento dulce para el Open Source, al menos en lo que se refiere a la participación de unas empresas cuya mentalidad parece haber cambiado. Antes el código era propietario e intocable: era la joya de la corona, y compartirlo con terceras partes era una locura.

La encuesta de desarrolladores de StackOverflow revela el interés de esta comunidad por proyectos Open Source. En 2017 esos porcentajes eran notablemente inferiores.

Esa filosofía se ha relajado de forma notable, y como indican en InfoWorld cada vez más empresas comparten proyectos software que antes eran cerrados y propietarios. La publicación de código en repositorios como GitHub es el pan nuestro de cada día, y las empresas lo hacen con diversos motivos, y entre ellos, cómo no, el de atraer talento y a desarrolladores que quieran contribuir a hacer crecer esos proyectos.

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En los últimos tiempos lo hemos visto con gigantes como Google, que por ejemplo creó Kubernetes con esa filosofía Open Source desde el primer momento. El código de esta plataforma para la orquestación de contenedores está disponible en GitHub, y su alcance ha sido tan enorme que hasta rivales como Amazono o Microsoft aprovechan esta plataforma.

Lo mismo ha ocurrido con TensorFlow, una plataforma para desarrollos en el ámbito de la inteligencia artificial que se ha convertido en un referente gracias en parte a esa filosofía abierta y que da acceso a los recursos de Google de forma sencilla, gratuita y libre.

Los ejemplos son similares en otras muchas empresas. Microsoft abrió .NET hace años, y ahora se cumple un año de la adquisición de GitHub, el mayor repositorio de código de todo el mundo. Los temores de aquella operación parecen haberse difuminado, y la gestión de esta plataforma está siendo de momento aparentemente impecable. Más recientemetne han abierto el código de Azure Funcions, que potencia su plataforma en la nube, y que vuelve a demostrar ese aparente amor de Microsoft por todo lo que huela a Open Source y permita a la empresa de Redmond atraer a más y más desarrolladores.

Amazon ha hecho también lo propio con Firecracker, una tecnología de virtualización que es no obstante una mota de polvo teniendo en cuenta que esta empresa lleva décadas aprovechándose del Open Source sin dar demasiado a cambio. Mientras tanto, Alibaba se ha apuntado a la tendencia de los chips RISC-V y ha liberado su primer diseño en este sentido orientado a reds 5G y al ámbito de la inteligencia artificial. Facebook tiene su Open Compute Project y por supuesto PyTorch ?'competidor directo de TensorFlow?' además de sacar pecho con otros proyectos que han abierto en su portal Open Source.

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Netflix publicó bajo licencias Open Source sus herramientas de Chaos Engineering ?'como Chaos Monkey?' para proteger a todo tipo de proyectos web de caídas masivas, y tenemos otro ejemplo con Airbnb y Air Flow, su entorno de gestión de datos. Hasta Apple, habitualmente celosa en este ámbito, aprovechó esta filosofía al abrir su lenguaje de programación Swift. Google, por cierto, hizo lo propio con Go, mientras que Mozilla, defensora absoluta del software Open Source, también lanzó Rust con esa misma filosofía.

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La situación actual es ciertamente contradictoria en un ejemplo fundamental: el del núcleo o kernel del sistema operativo Linux, que lleva décadas siendo desarrollado por miles de programadores, pero que poco a poco ha ido dependiendo más y más de las grandes empresas.

La razón es simple: esas empresas han ido contratando a estos desarrolladores y apoyando esa labor porque favorecía sus propios intereses. La Fundación Linux publicaba un informe anual sobre el estado del kernel Linux y en él hablaba de las empresas que más contribuían. El último informe es de 2017, y en él aparecía Intel con el 13,1% de código modificado en las últimas versiones de la época (de la 4.8 a la 4.13), con Red Hat, Linaro, IBM (que cerró la compra de la citada Red Hat hace poco), SUSE, Google, AMD, Oracle, Huawei, Broadcom, ARM o Facebook entre las que también participaban en el desarrollo de este componente clave.

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Aquí hay que tener claro que muchas de esas contribuciones son en interés propio. Microsoft, por ejemplo, trabaja de forma notable en hyperv, el componente fundamental que hace que Linux corra de forma adecuada en Azure, y otras empresas también dedican muchos recursos a mejorar áreas del kernel Linux que permiten que sus propias plataformas trabajen mejor: no son contribuciones desinteresadas, desde luego.

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Fuente: www.xataka.com
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