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Si bien antes firmaba con su huella, ahora, a sus 83 años, puede escribir fácilmente su nombre.

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No todos tenemos las mismas oportunidades de ir a la escuela. Además, tener acceso a la educación es algo que está ocurriendo ahora, pero antiguamente la mayoría de los ancianos simplemente trabajaba toda su vida en alguna actividad habitual, especialmente que requerían habilidad manual o esfuerzo físico, para poder conseguir algo de dinero.

Por eso no es de extrañar que hoy la mayoría de las personas analfabetas en el mundo sean los adultos mayores.

Muy de cerca lo conoce María Ignacio Hernández, que es parte de la comunidad tének de Tanleab, primera sección del municipio de Huehuetlán, México, y que a sus 80 años jamás había tenido algún tipo de acercamiento con los estudios.

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Sin embargo, ahora que tiene 83 años, está por terminar su primaria, algo que para ella era prácticamente imposible, pues apenas hace tres años fue la primera vez que tomó un lápiz con la intención de escribir e hizo un primer trazado.

Resulta que la anciana había trabajado toda su vida, pero ahora forma parte del grupo de ancianos atendidos por el Instituto Estatal de Educación para los Adultos, ya que dio el sí a la educación en una etapa que para muchos ha sido tardía.

Pero como ya saben… más vale tarde que nunca.

«Yo no sabía leer ni escribir hace más de dos años. Llegó la maestra a invitarme, yo le dije que no, pero insistió mucho, me trajo una libreta lápiz y libros, yo los guardé. Era un tesoro. Veía bonitos los dibujos, pero no sabía ni cómo tomar el lápiz pero ella me ayudó, primero me puso a rayar una hoja, después a hacer círculos y palitos» recordó la mujer, que ahora asiste a clases en una plaza tres días a la semana: los martes, viernes y sábados.

Autor desconocido, ayúdanos a encontrarlo De acuerdo a sus palabras, pronto aprendió a leer y a escribir su nombre, y pese a que aún no termina la primaria, ya está pensando en continuar haciendo la secundaria una vez que apruebe todas las materias.

«Mi familia dice que está bien que yo aprenda. Antes no escribía, sólo ponía mi huella, ahora pongo mi nombre y mi huella en donde lo pidan» expresó la mujer que se ha convertido en una alumna digna de admirar no solo por su edad, sino por todo el esfuerzo que ha puesto para aprender.

Por ahora está disfrutando de su vida nueva, ya que adora leer y enterarse de muchas historias nuevas de su país y otras lecturas que le han regalado en el IEEA.

¡Un aplauso para esta mujer!

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Fuente: www.upsocl.com
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